El “mal” de dejar las cosas para el final

Cuando dejamos todo para el último momento, cuando sustituímos algo importante por algo no tan importante, por indecisión, miedo o duda, se suele relacionar este comportamiento con algo habitual en la sociedad moderna: la dejadez, la falta de motivación, un estatus acomodado… pero tiene una raíz psicológica. De hecho también puede tratarse, en su estado más severo, de un transtorno de comportamiento y que puede asociarse al estrés, la ansiedad, etc. Esta acción de posponer asuntos tiene un término científico llamado procrastinación, del latín “pro”: adelante y “crastinus”: referente al futuro.

En otras lenguas, el refrán del antiprocrastinador que más se acerca al español, el famoso: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” sería: “La procrastinación es el ladrón del deseo” o “Analysis Paralysis”. Para la posteridad queda como ejemplo de procrastinador Leonardo Da Vinci, quien dejó más obras sin acabar que terminadas. Incluso hay asociaciones de procrastinadores repartidas por el mundo.