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No, no es que el gato se haya subido al teclado cuando iba a escribir el título. Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclmnckssqlbb11116 es el nombre que una familia Sueca pretendía poner a su hijo como medida de protesta contra la ley de nombres.

En 1991, Elizabeth Hallin y Lasse Diding, tuvieron un hijo al que decicieron no registrar legalmente, y por este motivo fueron multados con 550€, ya que la ley sueca obliga a hacerlo antes del quinto cumpleaños del pequeño. Molestos con el castigo propusieron este extraño nombre para el registro, alegando que se trataba de una revelación patafísica que ocurrió durante el embarazo, o según sus palabras: “Un desarrollo expresionista que visionamos como una creación artística“. El juzgado no aceptó el nombre por no ser apto como nombre de pila y mantuvo la multa.

El siguiente intento fue llamarlo “A”, pero tampoco son válidos los nombres de una sola letra. Al final el nombre que sí se aceptó y que figura en el registro es “Icke namngivet gossebarn“, que significa “niñito sin nombre“.

En cualquier caso, hay que decir, que fuera de toda esta batalla legal, los padres siempre lo llamaron “Albin“.